Por Rubén Adalberto Pron.
La ruta 13 se habilitó a partir de 1964, aunque por tramos por demoras en la construcción del puente sobre el arroyo Las Turbias, al norte de la ciudad de Las Rosas, lo que obligaba a descender al antiguo camino de tierra y retomarla en el paso a nivel frente a la estancia Las Taperitas.
El Trébol, donde la calzada ya estaba prácticamente finalizada en su recorrido rodeando el centro urbano, quedó vinculado a la red nacional de carreteras hacia 1966, y el ingeniero Adalberto Blödorn, titular de la empresa que estaba llevando adelante la segunda etapa de pavimentación urbana (50 cuadras), iniciada el 4 de mayo de 1965, sugirió al Rotary Club la idea de construir un señalamiento frente a la que en aquel entonces era el principal ingreso al pueblo.
La iniciativa fue aceptada de buen grado y uno de los encargados de la obra de pavimentación, un estudiante avanzado de ingeniería llamado Ignacio Manera, presentó a una sobrina suya, la arquitecta Mirka Molino, para que proyectara la obra, en cuyo diseño igualmente participó otra colega llamada Teresa María Olsina, ya fallecida.
Una publicación del Rotary Club de El Trébol aparecida en el cincuentenario de la institución informa que los trabajos comenzaron en 1967 y en un acta del 20 de mayo de 1968 se indica que la inauguración estaba programada para el 15 de junio de ese año con la presencia del gobernador del Distrito 483.
El acto se postergó para el día siguiente, que era domingo, y se realizó a las 11, seguido de un almuerzo de camaradería.
El doctor Edgardo Molino, primo hermano de Mirka establecido en El Trébol en 1961 y recientemente fallecido, aportó que esa celebración tuvo lugar en el local que actualmente ocupa la Biblioteca Popular Domingo Piccolo, en ese momento perteneciente al ya desaparecido Lawn Tennis Club, que lo facilitaba a Rotary para sus reuniones.
La obra, ubicada a la vera de la ruta 13, en un terreno particular facilitado al efecto, estuvo a cargo de Marcos Eduardo Pron, un especialista en estructuras de cemento armado convocado por la firma Felizia Hermanos cuando tomaba un contrato de estas características.
Pron, conocido como El Negro, antes había trabajado en la erección del edificio de la sucursal El Trébol del Banco (ex Provincial) de Santa Fe y a él también se debe la construcción de la fachada de la ex Caja de Créditos El Trébol, hoy asiento de la sucursal del Banco Credicoop.
Simbolismo e inspiración
Para los vecinos de la ciudad, el monumento que señala uno de los principales accesos al centro urbano podría interpretarse como la aspiración de El Trébol de proyectarse hacia el futuro –expresada en su columna central– y en unidad –como lo indica la estructura que lo envuelve–.
También como el abrazo que recibe al viajero que llega y despide al que se va, pero Mirka Molino, que en 1967 era una joven profesional de 28 años, agrega elementos significativos.
Residente actualmente en Villa Adelina, localidad del municipio bonaerense de San Isidro, la autora del proyecto menciona que la idea fue establecer un mojón indicativo de que se pasa por El Trébol o se ingresa a la ciudad. Y resalta la idea de movimiento permanente que expresa el conjunto, inspirado en la «cinta de Moebius», una superficie con una sola cara y un solo borde descubierta en 1858, en forma independiente, por los matemáticos alemanes August Ferdinand Möbius y Johann Benedict Listing.
La singularidad de este objeto es lo que refuerza la idea de movimiento, explica la arquitecta Molina, y revela que el basamento que a modo de cimiento sostiene la estructura «es tan importante o más» que lo que se aprecia sobre la superficie.
Al respecto recuerda, jocosamente, que el ingeniero Blödorn decía que había puesto más cemento en lo que está enterrado que en lo que se muestra artísticamente.
Respecto de la columna trunca que se yergue en el centro del conjunto, Mirka Molina la asimila ahora a un haz de luz disparado hacia el cielo como lo podría hacer un rayo láser o un proyector led intermitente, elementos que no existían en la cotidianidad de la época en que se diseñó y construyó el Monumento.
Mirka Molino, oriunda de la localidad de Tortugas y prima hermana también del médico de ese apellido establecido en El Trébol, tuvo a su cargo otra tarea relacionada con el medio local: un anteproyecto de remodelación de la plaza San Martín realizado junto con su colega Ana María Cincunegui, que no llegó a materializarse. (La remodelación se llevó a cabo diez años después con un proyecto del arquitecto Osvaldo Aguilera).
El acto inaugural
El acto de inauguración se realizó poco antes de mediodía de aquel domingo.
En la oportunidad hablaron el presidente del Rotary Club El Trébol, José Celotti, y el gobernador del Distrito 485 de Rotary Internacional, Jorge Julio Tombolini.
El interventor en la Comuna local, David Miles, fue el encargado de recibir la obra en nombre del pueblo de la localidad.
El contexto de 1967
En aquel año 1967 también pasaron en El Trébol otras cosas significativas: murió
Benita Estela de Ojeda, la última testigo de la construcción del antiguo ramal a Las Yerbas y la llegada del primer tren a El Trébol, comenzó a funcionar RT1 Radio El Trébol (hoy FM 90.5) y se inició el tendido de líneas de electrificación rural.
También se fundó el Aero Club El Trébol y los hermanos Víctor Hugo y Alberto Capell formaron con músicos de Cañada Rosquín el conjunto Los Moscos en el que León Gieco inició su carrera profesional.
Finalmente, la Asociación Vecinal El Trébol donó al hospital José Llobet la primera ambulancia con que contó este centro de salud, el Club de Leones hizo asfaltar los primeros metros de la calle Manuel Lozada para facilitar el acceso al cementerio desde la ruta 13 y se inauguró el edificio propio de la entonces denominada Escuela de Comercio Nº 3 José Ingenieros.
En medio de tantos acontecimientos la ciudad contó con su icónico monumento sobre la ruta 13, frente al acceso por Juan Francisco Seguí, que como un faro dice orgulloso, casi prepotentemente: «Aquí está El Trébol».



